Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

Contribuyentes

domingo, 21 de enero de 2018

No era solo una canción








No era solo una canción
cuando la tarde se iba diluyendo en la sombra
y Ben Webster dejaba que el saxofón fuera la voz de un ángel,
pereciendo en el agua,
al borde mismo de las olas y la incipiente noche.
Tú eras de luz y arena
y me quemabas
o te metías en mi piel como una herida,
encendiendo de preguntas el malecón
o acallando los últimos pájaros del bosque
mientras dirimías con tus labios una batalla en mi pecho.
Escuchabas mi corazón y sentías como respiraba tu perfume
cerrando los ojos y sonriendo.
Crecía el frío o solo era la labor de la noche,
lumbre de un faro y barcos que navegan
cuando el horizonte es otra orilla de signos y estrofas
que desconocíamos aunque tuviéramos destino en ella.
Venías tarde y te ibas enramando en mi cuerpo
haciendo sándwiches de jamón y queso
y bebiéndote el vino de reserva que guardaba en la bodega,
pero no importaba, te iluminabas como una tea
tras el juego de buscarnos entre los cojines.
Lo que otros sabían de nosotros nos daba igual,
se iba el día, se acababa Ben y ponías sin remedio a Miles,
para que tu cuerpo se moviera al ritmo impenitente de su trompeta.
Morir podría ser un viaje largo, una distancia entre los dos,
pero esas noches no tenían más que el afán de la sangre
y la concupiscencia de dos cuerpos que se reconocían en la oscuridad.




f.




No guarda rencor mi cuerpo de tu cuerpo









“Haré un espacio entre mis piernas.
Te enseñaré la soledad”

L. Cohen




No guarda rencor mi cuerpo de tu cuerpo.
Ni siquiera ha tenido el valor de olvidarte.
Elijo siempre los días fríos
para cantar tus canciones preferidas,
y en las yemas de mis dedos,
todavía con una extraña tibieza,
emana un suave sudor
que parece recordar
mi húmeda obsesión por ti.
Aún así he recorrido la soledad
y viajado en el deseo oscuro de la noche,
tal vez al fin no fueras tú
la que más me quiso entre sus muslos,
ni atendió entre las sábanas mi doliente agonía,
pero en realidad recordarte
no me cuesta mucho más
que unas monedas de cobre
gastadas en un buen aguardiente.



f.



Quiero derrumbarme sobre el mundo









Quiero derrumbarme sobre el mundo.
Ser un pesado metal,
mercurio entregado a la lluvia,
y deshacer mi veneno en el agua de un río.
Quiero volver a tener alas de pájaro,
contemplar al hombre siendo un siervo,
al modo solo que lo ven sus dioses…
tan pequeño e insignificante
como son nuestros sueños.
Me urge una tormenta en el desierto,
cambiar la roja geografía de mi cuerpo,
ascender por una chimenea caliente
y ser el humo oscuro
que huele a leña de olivo
quemada por el fuego
y se deshace como un rumor,
una ligera sabara,
entre los verdes pinos de un bosque.
Quiero ser frío viento,
el que estremece en las noches,
cuando el invierno severo
me agota y acierta como una bala
de pleno en mi corazón.



f.



¿De dónde nace este silencio










¿De dónde nace este silencio
que abarca la tarde y se posa en tu espalda?
Hay en esa interminable senda de palabras
ciertas luces del ámbar que me alumbran,
un guarismo difuso de brasas ardientes
que se van desprendiendo,
lentas como las horas,
desde tus iluminados hombros
para caer y perderse en el oscuro vértigo de mi deseo.
¿Qué pureza trajo el pájaro del amanecer,
qué despertó al felino instinto de la noche,
que luna vino con la desnudez de tu vientre?
Ahora, alargo el instante en que te miro,
pago y pago bien respirando contigo,
hay en tu boca una canción, cierta melodía
que todavía suena como un misterio entre tus labios,
la esencia que sin tu saberlo
te hace revivir como un ángel eterno
en medio de la mortalidad que habito.



f.




Del invierno y otras secuencias








No poseo más allá que un simple blog donde guardo las pocas cosas en que creo y que lleva el nombre de la desilusión en su portada, todo lo demás es lo diario, palabras que se hacen de las raíces de la noche, hojas secas, un humus formado en la tierra con todas las pérdidas. La contemplación serena de la derrota da un respiro ante el horizonte azul cuando sé que la distancia marca los pasos perdidos ante los puentes rotos por la ira y el silencio.



f.




Programa Electroletras

Con versos en la noche

Mi lista de blogs

Seguidores

Vídeos de poesía para perdidos

Ahora en youtube

Los poemarios

Los poemarios
© (Copyright) Fernando Sarría de todos los contenidos originales de este blog, excepto cuando se señale otro autor.

Archivo del blog