Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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domingo, 20 de agosto de 2017

Siendo el vacío yo andaba en los muelles.











Siendo el vacío yo andaba en los muelles.

Escuchaba golpear el mar en el rompeolas
acompasado a mi respiración
y al sonido metálico del viento en las drizas.
Andar en el silencio como una llaga,
de puntillas el dolor se hacía de mí...
mis huellas no dejaban rastro en el cemento
y el frío húmedo del amanecer,
anclado hasta el tuétano de mis huesos,
buscaba ese instante
en que todo tuviera el valor de la derrota.



f.




Uno se deja en el silencio las manos cortadas










Uno se deja en el silencio las manos cortadas, sus grilletes de acero, el fluir del agua, el contenido impreciso de los bolsillos, las leyes intocables que tú mismo te marcas, ciertas querencias inconfesables, la cadencia de la lluvia sobre el entorno de tus huellas. Morir así, despacio, como se muere varias veces al día, solo es perder unos mililitros de tu sangre, pero también un poco de lo que te queda de honestidad, esa pizarra un poco borgiana donde en lugar de ir borrando palabras, cuando ya nunca más las vas a usar, vas olvidando, sin saber cómo, tus principios.



f.




Pronuncio un nombre en morse









Pronuncio un nombre en morse,
sílabas confusas en la noche.
Siento el trabajo de las abejas,
la miel devorada,
el hambre saciada por el hambre.
Junto al amanecer hay pájaros que cantan
y suenan campanas en el viento del otoño.
Presiento los ecos de una fiesta terminada,
la luz cenital de las lámparas
sobre nuestros cuerpos cansados.
Hay un viaje sin retorno,
ciertos cuentos antiguos que nunca leemos
cuando los salmos abrigan el corazón
y sin saberlo respiramos en silencio,
paseando bajo la lluvia por los bulevares de París
o sintiendo hundirse los vetustos palacios
un día cualquiera de Acqua Alta en Venecia.




f.




Debajo de mí hay otro









Debajo de mí hay otro,
quebrado como un junco
y en medio de la soledad me habita,
escribe palabras de luz
sobre el cielo oscuro de la noche.
Tendré que cerrar los ojos y dormir,
él sabrá buscar las sílabas que alarguen los caminos.



f.



Nunca me voy










Nunca me voy, quizás porque de este sin valor están marcadas las cosas.
Y podría ser un río, un río con meandros y largos desfiladeros.
Mis márgenes apenas saben de mí,
es quizás otra de las razones para cerrar los ojos
y sostener una vela o un árbol que se abra al cielo,
un árbol...un ciprés que viva los silencios de los hombres
y contemple desde sus raíces hasta la cúspide
el devenir de los días, el caer de las estaciones, los pájaros, las nubes...
Si abro una grieta, si excavo dentro,
si hago de la holgura del deseo o del dolor de la ausencia,
todos los versículos de una noche y de otra noche,
sin cerrar ningún vínculo,
como una letanía hermana del insomnio,
vendrán a mí las sombras y la luz...
y mi voz, perenne como un trueno lejano,
seguirá diciendo..."nunca me voy"



f.



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