Fernando Sarría

La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

Contribuyentes

martes, 23 de mayo de 2017

Gárgolas de la noche








Habito un silencio oscuro, cierta verdad de lluvia,
el fluir lento del tiempo en los muelles vacíos.

----

No queda más verdad en el corazón.
Hay un lugar en las manos donde roja florece la ira.

----

Vienen despacio los planetas a recrear la noche.
Toda la urgencia del mundo se disuelve en la oscuridad.

----

Se hace tierra la tarde cuando sabe de tus labios húmedos.
No es un sueño, solo la proclamación de tu ser.

----

Vienen desde el bosque los pájaros del amanecer,
saben que soy un cedro del Líbano
abandonado en la oscuridad.



f.



Llegó el amanecer







Llegó el amanecer, una huida de pájaros, ciertas palabras caídas en el suelo, el silencio como un enigma se encimó a mi espalda y me susurró de nuevo versos del invierno.




f.





lunes, 22 de mayo de 2017

No era solo una canción








No era solo una canción
cuando la tarde se iba diluyendo en la sombra
y Ben Webster dejaba que el saxofón fuera la voz de un ángel,
pereciendo en el agua,
al borde mismo de las olas y la incipiente noche.
Tú eras de luz y arena
y me quemabas
o te metías en mi piel como una herida,
encendiendo de preguntas el malecón
o acallando los últimos pájaros del bosque
mientras dirimías con tus labios una batalla en mi pecho.
Escuchabas mi corazón y sentías como respiraba tu perfume
cerrando los ojos y sonriendo.
Crecía el frío o solo era la labor de la noche,
lumbre de un faro y barcos que navegan
cuando el horizonte es otra orilla de signos y estrofas
que desconocíamos aunque tuviéramos destino en ella.
Venías tarde y te ibas enramando en mi cuerpo
haciendo sándwiches de jamón y queso
y bebiéndote el vino de reserva que guardaba en la bodega,
pero no importaba, te iluminabas como una tea
tras el juego de buscarnos entre los cojines.
Lo que otros sabían de nosotros nos daba igual,
se iba el día, se acababa Ben y ponías sin remedio a Miles,
para que tu cuerpo se moviera al ritmo impenitente de su trompeta.
Morir podría ser un viaje largo, una distancia entre los dos,
pero esas noches no tenían más que el afán de la sangre
y la concupiscencia de dos cuerpos que se reconocían en la oscuridad.




f.







No pregunto al cielo por los ángeles muertos




+



No pregunto al cielo por los ángeles muertos
aunque en mi jardín haya restos de sus caídas plumas.
Me enfrento a la soledad con mi corazón callado.
Poseo un tambor roto
y un viejo violín ardiendo entre las manos.
Mientras, en silencio, contemplo la noche,
sus luces lejanas, su distancia…
Viene el viento con golpes del océano,
las llamadas que se pierden en el eco nocturno.
Presiento como arena creciendo entre los dedos,
húmeda y salina me descubre un misterio,
el tiempo implacable me murmura una verdad.



f.



Foto de Eugenio Recuenco




Yo anduve por Venecia cuando tú la soñabas








Yo anduve por Venecia cuando tú la soñabas
y sentías lejano el dolor de la ausencia.
En las encrucijadas,
quedaron mis pasos, esperándote
tras las viejas canciones
y espiando la mirada inquietante de un nuevo silencio
que iba creciendo como la mansedumbre de los gatos.
Pisé el mármol blanco desgastado y húmedo,
contra las olas de los que partían
se mojaban sin piedad mis zapatos,
y debajo de los oscuros porches de las tiendas del vidrio,
o en cualquier plaza tranquila con sabor de amaranto,
ardía, en el aire del verano,
el sendero abierto por un violín estremecido.





f.



Fotografía de Mónica Bellucci en la película de Philippe Garrel




Programa Electroletras

Con versos en la noche

Mi lista de blogs

Seguidores

Vídeos de poesía para perdidos

Ahora en youtube

Los poemarios

Los poemarios
© (Copyright) Fernando Sarría de todos los contenidos originales de este blog, excepto cuando se señale otro autor.

Archivo del blog