La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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miércoles, 13 de diciembre de 2017

A veces estoy solo










A veces estoy solo y miro en silencio las paredes desnudas
donde la luz del atardecer asciende despacio hacia el techo.
Después, como todos los senderos, desaparece
y la luz amarillenta de las lámparas,
inmóviles,descansan mi mirada…
ahora el hilo conductor del anochecer
es solo el tamborileo lento de mi corazón.



f.




Recorro tu cuerpo como una llanura de esencias










Recorro tu cuerpo como una llanura de esencias.


Estoy perdido en el aeropuerto de Frankfurt Maine.
Espero tu llamada para decirme que me necesitas
o que sólo fue eso, un poco de sexo en horas bajas.
En Milán, el móvil se quedó sin batería,
pensé que quizás me habías llamado
y dejado un mensaje,
un sms o un e-mail que leería en el hotel.


Hay días que traen pocas cosas nuevas,
somos tal y como nos conocemos,
la vida sigue su propia espiral,
pero en un descanso solitario
yo recorro tu cuerpo en mi memoria.
Puedo pensar que vuelvo a Venecia
y tú me besas entregada como en un nuevo viaje.
Me vuelvo a vaciar en ti,
una y otra vez,
hasta que exhaustos, casi deshechos,
nos dormimos al amanecer,
siendo esto parte de una liberación tardía,
la de habernos vuelto a encontrar tras el silencio.




f.




La vida no es un juego









La vida no es un juego,
aunque creamos tener
siempre una carta marcada,
la baza entre las manos,
seguimos sin saber
cuáles se guarda en la sombra
la mano de acero.



f.



martes, 12 de diciembre de 2017

No recuerdas el frío de aquella primavera en París??









No recuerdas el frío de aquella primavera en París??
la lluvia era humilde y solo se sostenía en la humedad del aire
mientras recorríamos los bulevares y sin saber por qué todo nos parecía nuevo, como hecho para nosotros...en cada museo veíamos lo inesperado, un encuentro con la belleza conocida pero de sopetón nos redimía de ciertos pecados veniales y nos limpiaba el corazón de esa oscura longitud que posee la vida diaria.
Nos sentábamos en las puertas de los cafés viendo pasar a la gente, mientras, bebíamos cerveza Kronenbourg apoyados en las diminutas mesas, contemplando todo en silencio, pero con esa luz límpida de matices que no sé sabe por qué surge en momentos concretos de los días...no sé, pero hoy me ha venido esos momentos a la memoria y debía dejarlo escrito como si fuera un fogonazo imposible de dejarlo dentro.



f.




Y en la sombra tallada por la noche todavía existes










Y en la sombra tallada por la noche todavía existes
mientras caliento con la brasa y el humo tu cama.
Imprecisa en los días tristes y fríos del invierno,
tus pies pequeños buscan los míos
y descansas tu cabeza en mi pecho
preguntando despacio a mi corazón por el mañana.




f.




Un día trae lluvia y se empañan los cristales












Un día trae lluvia y se empañan los cristales.
Afuera la humedad tiene su propia música
y escucho sonoras las pisadas del tiempo
mientras las nubes impacientes nombran viejas heridas.
Algo de lo que es irremediable tiene tu cuerpo para mí,
tatuajes que bordean el último enclave de la dicha,
las marcadas pulseras de tinta de tus brazos
y el invierno en la distancia de un albatros
entre tus ojos y mi mirada…
aunque es cierto
que sigo encontrando en tu espalda
todas las islas de mis sueños.



f.




La rosa de los vientos









La rosa de los vientos, la brújula imantada, el Norte como balanza, el Sur como arquetipo de poema, el augurio indefinido, la senda de las manos tibias, la cadencia de las olas, el quehacer infinito de la mirada de un anciano, un piano tocando el réquiem de Mozart, todas las veces que nos vence el miedo, los verdes trigales de mayo, los juegos de niño en la tierra, lo insondable de un pozo, la longitud de una sombra, los días en rojo de tu calendario, los años que cumplen tus despedidas, hay una estancia invernal esperándonos, en ella se guarda en cajas invisibles nuestra historia, nunca sabemos que cosas importantes vamos echando al fuego del olvido.





f.

Camina descalza sobre mi tierra







Camina descalza sobre mi tierra.
Mete tus manos.
Anida despacio
en mi piel.
Escucha el viento,
sus hélices precisas sobre tus caderas,
anhelantes, se dejan llevar
por las consignas de la tarde,
y quieren el vaivén,
la lumbre que hace que cierres los ojos,
crezcan en dureza tus pechos
y el valor de la sal gane en tu cuerpo la partida…
afloras como un almendro en invierno.



f.




Hurgo en el vacío: tiembla la noche










Hurgo en el vacío: tiembla la noche.
Ahora soy la mano que sostiene el tiempo.
La arena que te pronuncia
y dibuja signos con las sílabas de tu nombre.


f.



Después de la palabra solo un hilo de luz








Después de la palabra solo un hilo de luz,
certera sombra que quema dentro,
donde lo que duele no tiene nombre
pero deja el silencio envolviéndolo todo.



f.




No me hables








No me hables de aquello que nos sangra,
solo dime cuándo fuimos algo más que un sueño.



f.




lunes, 11 de diciembre de 2017

Me tizno de la esencia púrpura










Me tizno de la esencia púrpura,
el anhelo de la distancia.

Contemplo el fuego, la avenida desnuda,
un hombre y su sombra
andando lentamente hacia la oscuridad.

Siento el latido que abre mi costado,
la marea que moja mis pies,
el quebranto de nombrar la luz,
la urdimbre del amanecer,
este caer sobre el corazón,
sudar la noche
y que una boca te pronuncie
con el quehacer de los verbos...

Siento el aroma de la despedida,
un ángel quemando con sus labios mi pecho.

Sé que hay demasiado veneno
en la mordedura de la serpiente...



f.



Una camisa con aroma a flores









Una camisa con aroma a flores, el sudor del mediodía, la brisa de la sombra, el río caudaloso, el vértigo tras un incendio, la velocidad suicida de las nubes, la peonza jugando con tus pies, el pelo todavía mojado, unas monedas sobre la mesa, el café donde se reúne la tarde, el beso furtivo, el roce inesperado, un nuevo escalofrío, las marcas de rayuela con tiza en el suelo, la canción del afilador, la parte de un poema que te mata, el nunca más, el para siempre, la cotidiana manera de dejarnos llevar cuando miramos el atardecer hundidos en la última luz del día…



f.




Las sombras, todas las sombras adheridas a los silencios








Las sombras, todas las sombras adheridas a los silencios, los zapateros navegando sobre los remansos del agua, la luz del sol y los reflejos en los cañaverales del río, el estío y sus largas tardes inundando la ciudad vacía, los helados, los barquillos, la vereda de tierra, los besos que nunca se olvidan, un alhaquín trabajando el tiempo pasado, los bancos de madera donde siguen grabados los signos del azar, la maleza como símbolo de vida, la amistad que nunca se escapa de tu corazón, el lugar donde también debes guardar tus deserciones, las viejas calles de la juventud, la sinfonola donde siguen tus canciones...quizás nunca acabamos de irnos porque la vida siempre te va quitando trocitos de esperanza.



f.



domingo, 10 de diciembre de 2017

Abro mi mano









Abro mi mano y lentamente y huidiza se escapa la ternura, 
todavía estremecida por saberte tan cerca.



f.




No duermo










No duermo, y en esa estancia de miserias que es el insomnio frecuento el aprendizaje, esa senda hecha a cuchillo donde discernir de cada una de las emociones que me hacen respirar y me mantienen vivo.



f.



La primera luz de la mañana










La primera luz de la mañana, el despertar de los pájaros, el sonido hueco de los aspersores, la primera humedad del aire que precede a la tormenta, un poco de muerte que guarda siempre un corazón, el fondo azul difuso del horizonte, los rincones donde siempre se guarecen las hojas secas, el calor y el aroma en el horno de un panadero, un reguero de agua corriendo calle abajo, los viejos adoquines reluciendo al sol, los cumulonimbus amenizando el cielo en las horas tempranas de la tarde, los niños gritando y corriendo por la plaza...la extraña sensación de que todo te ha pasado ya en la vida y solo un gran acontecimiento puede despertarte de tu eterno letargo...



f.



No somos más allá de dos sombras









No somos más allá de dos sombras
en este deshacerse del crepúsculo.
Las hélices del viento
traen los nombres de todos nuestros muertos.
Aún así y todo, nos vence el silencio,
la encrespada silueta de la noche,
un canto perdido en el océano,
como si todo lo que fuimos
tuviera un nombre escrito en el olvido.



f.



Casi todo lo que me estremece










Casi todo lo que me estremece
se pierde en el horizonte
o vive dentro de mí
como una inagotable desazón
que corre por mi sangre.
Hay detrás de las sombras
un quejido de sílabas y símbolos.
No me desnudo ante las cosas
pero si me deja descubierto un verso nítido,
su nieve cayendo desde la espesura de la tierra,
sus raíces de viento, sus letargos de nube,
su cadencia en mi corazón
retumbando incansable al respirar...
Sé que detrás de los poemas hay algo mío que se va,
nunca vuelvo a recuperar esa sensación,
pero me da un cierto escalofrío verla inquieta,
habitando otros ojos que la piensan y la sienten.



f.



Es raro abordar el paso incontenible del tiempo










Es raro abordar el paso incontenible del tiempo,
la quera que traen los días y no dejar que te ahogue,
mientras las viejas carreteras de montaña
susurran un camino de sendas peligrosas
y mucha nieve dormida a la sombra de los ventisqueros.
Ibones azules dibujando el cielo,
ese azul prendido de oscuridad lacustre,
una unidad bélica, el silencio armado de verdad.
Contemplo el paso fulgurante de las nubes grises
andando sobre nosotros,
las sendas perdidas entre las islas de bosques
y el murmullo de neblina.
No hay pájaros, solo se escucha el viento
rememorando lo que ya no existe.
Duele respirar aquí y sin embargo sé que todo esto
va a seguir latente en mi sangre,
un recuerdo perenne que da el sentir la caricia imposible del cielo.




f.




sábado, 9 de diciembre de 2017

Las columnas del amanecer










Las columnas del amanecer, los pájaros del silencio, la estancia todavía con el olor a humo de la noche, el cenicero lleno de colillas, los vasos con el hielo aguado, las coordenadas de la espera y el naufragio, la mirada perdida en el horizonte blanco, la bruma encendida por la lumbre, unas sílabas prendidas al corazón, los restos de un paisaje, un cuerpo vencido, los últimos vestigios del amor todavía en tu piel, el destino del mar muerto, el repique de las campanas en domingo, el perfume todavía en ti, la cadencia de la sombra que te acecha, la música de un violonchelo, Schubert derramado como una caricia solitaria, un sofá con vestigios de la noche, un hilo de sangre que enmudece, la certeza de Ghiberti en las puertas del Baptisterio de Florencia mientras caía la nieve y tú apenas sabías como recoger ese milagro en el cuaderno de notas de tu memoria para que no te doliera demasiado.



f.




Escucho mi corazón bombear en silencio la sangre











Escucho mi corazón bombear en silencio la sangre
mientras respiro mirando como tras ducharse se viste despacio.
Me refleja su rostro el espejo de la cómoda,
no me ve, mira su cuerpo medio desnudo
y con lentitud estudiada se va colocando la ropa...
se pone la blusa que enmarca sus pechos,
la falda de tubo que se ajusta a su cintura.
Se perfuma, se peina
y se da ese color rojo suave en los labios
que al presionarlos me causa un escalofrío.
Se vuelve, se sonríe, recoge los billetes de la mesilla
y echando un beso al aire me dice "au revoir"...
el ruido de sus tacones sobre la madera
se va alejando tras cerrar la puerta
de la habitación del viejo hotel Violette,
en la Rue de Poissoniers de París
este amanecer de primavera.



f.



Las carreteras en los desiertos








Las carreteras en los desiertos son a veces como los mecanos de los niños, estructuran en la nada una senda casi imposible entre las dunas, son los caminos de los sueños que nunca se acaban.
Descansamos a la espera de lo posible. La noche deja que los astros nos sumerjan en su titilar de silencios y vemos moverse nuestras sombras como seres con su propia vida. Suena el viento, ulula y remueve la arena, nos rodea el quehacer del humo mientras el color de las brasas del fuego nos hipnotiza…Pasan las horas, fumamos un cigarrillo que va de una boca a la otra boca en el instante que sentimos caer como una lluvia las pocas verdades dejadas al azar, en el filo de la navaja uno es débil y la verdad es un elemento más de comprensión que hace que las caricias solo sean un nuevo viaje, otra bitácora que nunca se acaba de escribir en el cuerpo del otro.



f.



Ser de nuevo la oscuridad









Ser de nuevo la oscuridad,
el hilo fecundo de silencio,
la semilla que germina dentro y murmura
como el viento que te nombra sin saberlo...
una y otra vez, en el metálico sonido de las drizas.

Reconozco la soledad por su aroma de invierno,
la orilla sin preámbulos donde se pierden los amantes ciegos,
todas las esquinas de la luna,
el huso que marca los verbos,
casi toda la urgencia de respirar,
este veneno, que a sorbos, va dejando perdida la consciencia
y nos hace callar ante la temprana y última luz del día.



f.



viernes, 8 de diciembre de 2017

Viajo en el azote de los días









Viajo en el azote de los días. Me consumo.
Pregúntale a mis brazos cuándo dejaron de ser alas
y en que noche ya no pude volar al alba.
Cuanto me agota la soledad del viento,
su afán de irrumpir en mi memoria,
desbastando huellas,
borrando imágenes,
incendiando palabras,
queriendo ser la fuente de la ira,
el vacío infinito,
la usada mano del desierto
caminando a mi lado.



f.



En tu espalda se derrama la savia de la vida










En tu espalda se derrama la savia de la vida,
el pálpito perdido de los astros,
la luz de un relámpago,
el sueño perfecto de un ciego.
Alcanzarla desde abajo cuesta.
Deben abandonar mis manos tus muslos,
el desnudo realce de tus glúteos,
la suavidad de la piel,
para llegar a ella.
No deja de ser una nueva prueba.
Perderse en la selva cercana de tu sexo
o en este rincón
donde el mundo se deja oír en un gemido intenso,
es la tentación primaria que me absorbe.
Pero he de llegar a resucitarte entre tus vértebras,
a sentir la música que nace
al pasar las yemas de mis dedos,
una por una, para llegar hasta tu nuca,
tu cuello, tu pelo,
y sentirte entregada,
deshecha entre mis dedos,
dispuesta a morir en mi boca,
entre mis labios y la humedad de mi lengua,
con un ronroneo
que en nada tiene que envidiar
al goce de los gatos.



f.




32º Fahrenheit









32º Fahrenheit

Después de la lluvia llegó el invierno,
fue ese momento en que el silencio tuvo la lucidez de la nieve.
Me habías dicho que el verano era un largo pasillo de emociones,
habitaciones donde encontrarnos desnudos frente a frente,
que esos días los crepúsculos intensos
nos darían de beber en la boca del otro
cada una de las sílabas invisibles con que se escribe el deseo.
Miré entonces la palma de mi mano,
sentí las veredas de tus besos,
las largas líneas del desamor que tu cuerpo unía al mío,
las besanas que tus ojos creaban en mi cuerpo...
tanta sabiduría en tus manos
mientras yo aprendía,
y afuera, nevaba sobre mi corazón solitario.



f.




La hondura que hurga y deja huella








La hondura que hurga y deja huella, la cicatriz invisible, las yemas de los dedos que queman, la voluntad, un violín sonando en la oscuridad, el humo de la leña quemada, una mirada al cielo, las nubes lentas que pasan, el silencio encaramado al corazón, la brisa helada con aroma de nieve, el crujido de las tarimas al pisar, la oscuridad de los viejos pasillos, un niño llorando a lo lejos, el olisqueo convulsivo de un perro, la sombra alargada de un ciprés, un camino de tierra, los visillos azules, los labios cortados por el hielo, una a una las hojas del calendario, las notas a lápiz en un libro, la fotografía de un muerto cercano, sentir la calima, ver en la penumbra los aviones de la noche, el despertar del jazmín en verano, la cadencia de todo lo que ahoga, la atonía que busca dejarte lentamente en medio de la desolación...



f.




Hay un refugio del acero en los cuchillos









Hay un refugio del acero en los cuchillos,
un frío envuelto en la niebla de la espada,
el deshacerse de los músculos,
la rotura de los tendones,
un quiebro de sangre acelerado
en el crujido terrible de tu cuerpo
como un cristal cayendo de una altura
para romperse en todos los pedazos del recuerdo.



f.



Cuando nada resiste











Cuando nada resiste
y la urdimbre deshecha de las manos
deja escapar la sal y el azul de la noche.
Cuando es invierno
y notas caer los copos
directos al costado más débil de tu cuerpo,
con la lentitud que deja la nieve en la mirada,
sin huellas, sin eco, sin promesas...
te sabes, de nuevo, hijo de la soledad,
te reconoces en las palabras y en los gestos,
todo se vuelve diminuto, intrascendente,
nada tiene la importancia que iba a tener el amanecer.



f.




Siempre acabo en la distancia









Siempre acabo en la distancia,
en la línea que marca el no retorno.
Sin puentes, sin muelles, sin andenes...
Me recojo en la música,
con su sonido me arrastra
por las estrechas carreteras de la costa.
Viajo prisionero de la lluvia,
como solo yo sé sentirme
en estos días plenos de efervescencia,
sujeto por las manos abiertas del silencio.
Fumo tranquilo, varado en un amplio remolino de viento
que murmura sílabas metálicas en las agujas de los pinos.
El mar es una hondonada gris azulada, oscura,
como todos los desiertos cuando anochece,
aunque este brama contra las rocas,
enfurecido por no saber respirar
su soledad en medio de la nada.
Sigo el orden previsto,
bebo la ginebra tibia,
contemplo el anochecer,
siento la vida latente esperando
como un animal que se complace en saberse triste.


f.



Poseer la noche y lo recóndito









Poseer la noche y lo recóndito,
los lugares sin nombre,
el lado donde solo se abre lo vulnerable
y te recoge en sus manos
cuando eres huella que marca,
lo invisible que roza,
un silencio roto,
la cadencia de todos los signos que estremecen.



f.



jueves, 7 de diciembre de 2017

Escucho todo lo que me trae el viento









Escucho todo lo que me trae el viento,
el eco de toda voz: su peso especifico,
su gravedad intrínseca, su medida mineral,
su dolor, su miedo, su ira...

Ahora sé esperar tras los cristales
y abrir una ventana y lanzar al viento mi voz,
sí, yo también lo hago,
expectoro mis palabras contra todos,
nadie se salva,
todos somos culpables,
todos estamos ya deshabitados.

Y vuelvo a esperar esos días terribles,
agazapado, cuando vuelven con su fragor de batalla,
sus hogueras nocturnas y el tañido metálico de sus armas de guerra.



f.



Olvido los epitafios









Olvido los epitafios, las últimas palabras asesinas...
no sirve echar de menos
mientras los muertos se erizan en su propio deshacer.
Yo quiebro y mutilo la entrada a los cementerios,
odio el culto a lo que solo se tiene en la memoria...
No me busquéis en los caminos de cipreses,
yo el silencio lo suelo habitar entre los pájaros.




f.




Vino despacio











Vino despacio a nuestro diminuto mundo de dedos tejidos en las manos del otro, urdimbre de caricias y silencio, trayendo, desde lo oscuro, la veracidad de la luz.



f.



Frente a la ciudad la calma









Frente a la ciudad la calma,
un lugar en el mundo
donde teñir de azul el gris y el rojo.
Un trozo de oscuridad robado a la noche,
respirando su silencio,
el hambre y la sed de lo diminuto,
sintiendo la quera perenne dentro,
su mordedura constante
en lo más doloroso y débil
que da forma a tu corazón.


f.



No he sumado los restos










No he sumado los restos, los pequeños olvidos,
las cosas inertes que marcan los días,
las sombras que habitan en el corazón.
Un gesto sencillo de las manos conduce lejos,
se queda aferrado a la memoria
cuando han dibujado ochos en tu cuerpo
y han abierto cauces de lluvia que se mecen en ti
como los vientos alisios se derraman en la costa.
Voy detrás de un tren de la noche sin destino,
su luz me resguarda de la oscuridad,
respiro el verano, ese aliento a canela y café
que se vence del costado de mi sueño,
mientras en mi espalda
todavía siento tibios sus dedos...
han dejado las señales inequívocas del deseo.



f.



¿De qué se fabrica la noche?









¿De qué se fabrica la noche? La nuestra,
la que se forma por un sueño con labios cortados
y manos fundidas al pecho del otro.
Te respiro, me respiras,
sentimos cada volteo del corazón,
estremecido golpe,
distancia de nieve del mercurio,
rojo por la sangre y el dolor del ansia.
Surge el presagio del amanecer y del llanto.
Un pájaro que canta en medio de la soledad
y tiene el dulce escalofrío que da saber
que todavía palpita en nosotros la ternura.



f.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

Algunas veces miro el desierto y veo el mar









Algunas veces miro el desierto y veo el mar.
Observo el océano y sus islas abandonadas al reflejo de un faro.
Abundo en pájaros marinos y en soledad.
Tal vez busco contemplar lo que yo soy.


f.



Pronuncio un nombre en morse









Pronuncio un nombre en morse,
sílabas confusas en la noche.
Siento el trabajo de las abejas,
la miel devorada,
el hambre saciada por el hambre.
Junto al amanecer hay pájaros que cantan
y suenan campanas en el viento del otoño.
Presiento los ecos de una fiesta terminada,
la luz cenital de las lámparas
sobre nuestros cuerpos cansados.
Hay un viaje sin retorno,
ciertos cuentos antiguos que nunca leemos
cuando los salmos abrigan el corazón
y sin saberlo respiramos en silencio,
paseando bajo la lluvia por los bulevares de París
o sintiendo hundirse los vetustos palacios
un día cualquiera de Acqua Alta en Venecia.



f.




Nadie podrá salvarme








Nadie podrá salvarme,
ni ahora ni en la hora fratricida del amanecer.

Solo tengo un equipaje de pájaros,
dos o tres sílabas
enardecidas en los labios,
las manos abiertas,
sajadas de luz y de sombras,
la piel, con la humedad que deja la noche
y el hilo de sangre que me sostiene en pie.

Nada más tendré para entregar
que algún esbozo de verso y una voz llena de silencios.



f.



Lo que hay detrás










Lo que hay detrás apenas es la suave melodía del olvido.
Uno va haciendo de la vida un surco húmedo en medio del viento.



f.



¿Dónde se esconde una noche de estrellas fugaces?









¿Dónde se esconde una noche de estrellas fugaces?
Me rodea la oscuridad y el aire nítido y frío
revestido de misterio con la ciega mirada de la luna nueva.
Escucho respirar al silencio.
Oigo mi corazón bombear no sé cuantas veces por minuto.
Leo uno a uno los astros y su tiritar de invierno.
Todavía siento ciertos recuerdos del verano,
aquellas noches tirados en la tierra
esperando las lágrimas de S. Lorenzo,
cuando las palabras eran ligeros susurros,
casi caricias, para no ahuyentarlas.



f.




martes, 5 de diciembre de 2017

Luego fue verano










Luego fue verano, fue verano durante mucho tiempo,
duraban las horas largas de la tarde y amanecía muy temprano.
El tiempo se detenía cuando en el silencio del atardecer
huíamos del mundo, lejos, distantes del resto,
entregados a hablarnos muy cerca el uno del otro,
con un racimo de cosas que aguardaban pacientes
a que primero nuestros labios se reconciliaran.
Nunca el silencio se desgajaba de nosotros tomándonos distancia, 
más bien era un cómplice, una lluvia azul que lo empapaba todo.



f.





El pájaro azul









Abro la ventana y siento el frío.
Escucho el sonido inconfundible del lunes.
Mi silencio se habita de pequeñas sensaciones.
A flor de piel navegan irremediables todavía ciertas ansias,
mientras, dentro de mi pecho,
en el corazón, existen pequeñas islas
y un furtivo pájaro que lleva y trae la nostalgia.


f.




Valió la pena descender a los infiernos










¿Valió la pena descender a los infiernos
y entre tus manos sucias y las mías jugar a la ruleta rusa?
Escuchaba tu voz durmiendo,
un largo intervalo de palabras en morse,
desde tan lejos como era la distancia que nos cubría el deseo.
No eran de lluvia esas horas de invierno
y ni siquiera puedo recordar tu cuerpo
si no es en el dolor de ciertas cicatrices,
las que dejabas en lugar de las rosas cuando te marchabas.
Quizás el alcohol y ciertas sustancias
nunca me dieron pie a pensar que el amor
tenía nada que ver
con lo que a los dos nos unía
de una manera suicida.



f.




Algo debe traer esta muerte lenta










Algo debe traer esta muerte lenta,
este deshacerme sin perdón
como una piedra arenosa en mitad de los días.
No voy a nombrarme,
no voy a dejar encendido el faro de la noche,
todo este camino agreste hay que recorrerlo,
aunque sea un largo pasillo de memoria
y sepa que voy a salir derrotado,
calado hasta el tuétano, de nuevo indefenso...
debo seguir bajando los peldaños
hasta que las raíces se duelan al dar mis últimos pasos.



f.




Lo previo a nosotros es el fuego









Lo previo a nosotros es el fuego,
el instante del hambre,
la veracidad de la sed,
cada esquina de piel
que tiene una querencia
de la otra piel...
la ebriedad de un escalofrío,
el vértigo asediando
las columnas de la razón.



f.




Se abre el adviento











Se abre el adviento,
yo siento deshacerme
en los cristales de los verbos rotos,
mientras, sin hisopos de culto, esparzo
en sílabas al viento la incertidumbre.

De nuevo reconstruyo un hombre,
sencillo como una vela consumiéndose.
Siembro en mi cuerpo de tierra,
con mis manos desnudas,
la oscuridad del silencio.

Dejo en el barro la humedad del amanecer,
ciertos vocablos sin sentido...
lo que tal vez sea parte del misterio,
una huella sin nombre,
lo anónimo de respirar y contemplar la vida,
un poco de la luz que da sentido al resto del día.



f.



lunes, 4 de diciembre de 2017

Recorrer el silencio









Recorrer el silencio
es andar por la noche
con los pies descalzos.
Guiarnos a ciegas.
Las manos abiertas:
tanteando,
respirando,
desertando.



f.




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