La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

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lunes, 21 de agosto de 2017

Amanece









Amanece pero no escucho cantar al mirlo.
ha dejado la verdad de venir a despertarme.



f.



Son los días prisioneros del desaliento









Son los días prisioneros del desaliento
ahora que las noches siguen siendo cálidas,
mientras que yo intento borrar las huellas
indelebles de la desolación,
cuando en cada amanecer
intuyo en las nubes
el paisaje de la tarde,
ese instante en que el silencio
se alimenta de mí.



f.






Conservo este haz de luces












Y cuando estés a oscuras
seré la curva
que desvíe la luz
hacia ti.


Lola Velasco



Conservo este haz de luces
prendido a mi cuerpo.
Un verso dilatado
donde se esconde
cada una de mis metáforas,
las flores que se pierden en la brisa,
los pájaros que nunca regresan…

Lo preciso de la noche
lo traerá tu luz,
la curva semántica de tu boca
o el alfiz, que en este juego
de almenas y ángaros nocturnos,
dejas en mis manos.



f.




Escribo desde dentro














Escribo desde dentro
hurgando en cada rincón oscuro que me estremece.
La quera deja semillas de fuego y escarcha en mi corazón.
Presiento el otoño aunque sea un día de bochorno
y busco en todo lo que hace llaga, herida, cicatriz...
casi puedo gritar y sin embargo ser hondo en mi silencio.



f.




domingo, 20 de agosto de 2017

Siendo el vacío yo andaba en los muelles.











Siendo el vacío yo andaba en los muelles.

Escuchaba golpear el mar en el rompeolas
acompasado a mi respiración
y al sonido metálico del viento en las drizas.
Andar en el silencio como una llaga,
de puntillas el dolor se hacía de mí...
mis huellas no dejaban rastro en el cemento
y el frío húmedo del amanecer,
anclado hasta el tuétano de mis huesos,
buscaba ese instante
en que todo tuviera el valor de la derrota.



f.




Uno se deja en el silencio las manos cortadas










Uno se deja en el silencio las manos cortadas, sus grilletes de acero, el fluir del agua, el contenido impreciso de los bolsillos, las leyes intocables que tú mismo te marcas, ciertas querencias inconfesables, la cadencia de la lluvia sobre el entorno de tus huellas. Morir así, despacio, como se muere varias veces al día, solo es perder unos mililitros de tu sangre, pero también un poco de lo que te queda de honestidad, esa pizarra un poco borgiana donde en lugar de ir borrando palabras, cuando ya nunca más las vas a usar, vas olvidando, sin saber cómo, tus principios.



f.




Pronuncio un nombre en morse









Pronuncio un nombre en morse,
sílabas confusas en la noche.
Siento el trabajo de las abejas,
la miel devorada,
el hambre saciada por el hambre.
Junto al amanecer hay pájaros que cantan
y suenan campanas en el viento del otoño.
Presiento los ecos de una fiesta terminada,
la luz cenital de las lámparas
sobre nuestros cuerpos cansados.
Hay un viaje sin retorno,
ciertos cuentos antiguos que nunca leemos
cuando los salmos abrigan el corazón
y sin saberlo respiramos en silencio,
paseando bajo la lluvia por los bulevares de París
o sintiendo hundirse los vetustos palacios
un día cualquiera de Acqua Alta en Venecia.




f.




Debajo de mí hay otro









Debajo de mí hay otro,
quebrado como un junco
y en medio de la soledad me habita,
escribe palabras de luz
sobre el cielo oscuro de la noche.
Tendré que cerrar los ojos y dormir,
él sabrá buscar las sílabas que alarguen los caminos.



f.



Nunca me voy










Nunca me voy, quizás porque de este sin valor están marcadas las cosas.
Y podría ser un río, un río con meandros y largos desfiladeros.
Mis márgenes apenas saben de mí,
es quizás otra de las razones para cerrar los ojos
y sostener una vela o un árbol que se abra al cielo,
un árbol...un ciprés que viva los silencios de los hombres
y contemple desde sus raíces hasta la cúspide
el devenir de los días, el caer de las estaciones, los pájaros, las nubes...
Si abro una grieta, si excavo dentro,
si hago de la holgura del deseo o del dolor de la ausencia,
todos los versículos de una noche y de otra noche,
sin cerrar ningún vínculo,
como una letanía hermana del insomnio,
vendrán a mí las sombras y la luz...
y mi voz, perenne como un trueno lejano,
seguirá diciendo..."nunca me voy"



f.



Hurgar dentro cuando todo calla











Hurgar dentro cuando todo calla
y solo tenemos el murmullo sincero de la piel...
ese viento nocturno que como un vaho nos humedece...



f.




No soy la luz










No soy la luz, tengo siempre mis manos tiznadas de oscuridad por recorrer esos largos pasillos donde todo es posible y el dolor deja marcas que nunca se olvidan.
Podré hablarte despacio, en voz baja, quizás sea un instante nuestro cuando el mundo se olvida de nosotros y solo somos dos caminos abiertos en un parque abandonado...sabrás que no todo lo que escribo es un salmo, ni siquiera tiene el valor de una letanía, me dejo arrastrar por el valor de los silencios y la única servidumbre que me queda que es escribir sobre lo que todavía se me hace incomprensible...la longitud del anochecer, la mano que acaricia, el quehacer de estas arañas que tejen en todos los rincones sus promesas.




f.



Me nombras








Me nombras
como si mi nombre tuviera
un final entre tus dedos.

Solo eso, sometido
al caer de la lluvia
y al principio
orgánico de la sangre.

Miro desde la soledad
el tránsito de todas las palabras,
el grueso desafío
de sobrevivir cada día
al caer de la tarde
sobre mi consciencia.



f.













Las manos del agua
sostienen la luz y la palabra.

Siento un quebranto de otoño,
tiene la holgura de siempre,
se alimenta de voces que murmuran
y del avance del Sur de las distancias.

Ando por las calles, las plazas,
en la ciudad vacía
donde los pasos
dejan un aroma de silencio
y al alejarme el sonido del sarmiento al arder.

Solo la soledad
se erige, con su vuelo de oscuro ángel,
en musa de mis versos
portadora del doloroso estigma
que anuncia la llegada de la lluvia.




f.




sábado, 19 de agosto de 2017

Voy a tener entre mis dedos la luz de tu cuerpo












Voy a tener entre mis dedos la luz de tu cuerpo,

la humedad que germina en tus sílabas,

la urdimbre sin nombre

donde los misterios tienen el sabor de tu boca,

el almizcle, el fulgor y la branza que mata…

el venir a mí en la lluvia que tienen tus pasos.



f.




Me busco y no me encuentro









Me busco y no me encuentro
más que en ciertas pisadas que se lleva el tiempo.
Estoy en ese andar descalzo con zapatos de tierra
y con el cuerpo empapado en la tormenta
como signos inequívocos de mi existencia.
Ahora sé donde fui árbol,
en que lugar tuve un sueño,
que vaho nació de mi boca,
en que lugar habitan mis secretos,
donde guardo el miedo,
que horizonte me reserva una mirada.




f.




Murmuro despacio ciertas cosas











Murmuro despacio ciertas cosas
como hace un viejo a sus muertos.
El agua de la lluvia me recorre,
me empapo de esas calles mías,
soy los restos de mi memoria, los restos de mi vida.
Vuelve a ser la tarde débil regazo donde esconderme.
Hay ciertas sombras que acarician mi espalda
mientras se va yendo el invierno susurrando venganza.
Escucho al viento golpear los cristales,
abatir las banderas y silbar en los cables,
zarandea los desnudos árboles de hojas y de pájaros
y dibuja en la avenida un tiempo de ausencia,
un ir y venir de papeles sin nombre,
la incierta medida anónima donde tributa la soledad.



f.




Cada palabra de un verso guarda un silencio











Cada palabra de un verso guarda un silencio,
un oscuro y dúctil hilo que enhebra cada sílaba
a la profundidad de un mar de emociones e incertidumbre.



f



Prevalece sobre mí una sombra










Prevalece sobre mí una sombra,
un presagio y el tintineo metálico de unas monedas al caer al suelo.
Pero estoy tranquilo, tengo todavía en mis manos
ciertas verdades con que pagarme el último pasaje.
Se que un hombre no posee nada salvo su incertidumbre,
se diluye su templanza como un terrón de azúcar
cuando todo lo que tiene ya no sirve
más que unas pocas palabras que perduran en su memoria,
su historia llena de deserciones propias y ajenas,
y un corazón tiznado de ceniza y de sueños
ahogados en las oscuras aguas de la noche.



f.




Casi sin valor mis monedas son de cobre














Casi sin valor mis monedas son de cobre. Diminutas como pequeñas esquirlas que hacen temblar mi mano si las aprieto con ira. Sangro en estos surcos míos aunque mi corazón sostenga su propia lucha y siempre gane en la derrota, es mucho tiempo perpetuando las preguntas a las que nunca he hallado respuesta.



f



Y muerto en este instante









He desatado el corazón de la lluvia

A. Pizarnik

Y muerto en este instante,
casi al galope del viento
y del látigo laborioso de la tormenta.


No hay corazón detrás del corazón,
solo una sombra abierta al abismo,
la que trae el silencio cuando impera
como un quejido ronco
en la herrumbre de los muelles solitarios.

No hay mayor tristeza que ese abandono junto al mar.



f.




Habito









Habito, a veces,
una casa amplia,
llena de recodos...
son como palabras
que se enciman
al sur del pensamiento.
Son de estas veces,
ajenas a todo,
cuando la noche
duerme contigo
y te sorprendes
con su abrazo oscuro.
La casa se habita de mí
y se pronuncia en verbos,
sonidos sin tacha
que son luciérnagas
que alimentan mi insomnio.



f.




Rehúso la eternidad









Rehúso la eternidad
como unidad de medida
de mi contemplación.
El mundo se me escapa
diariamente, constantemente...
Yo solo soy una palabra
arrastrada por el viento.
La semilla de la incertidumbre
arañando siempre el aire.



f.




viernes, 18 de agosto de 2017

Muere la luz pero también muere la sombra












Muere la luz pero también muere la sombra,
esa estrecha línea que nos separa del silencio.
Hurgamos en el aire para escuchar lo que no se oye,
la música que cantan los que no han nacido,
o aquellos que han muerto y todavía no lo saben.
No sirve mirar despacio las cosas,
hacer como si fuéramos parte del paisaje,
mientras la vida fluye
y nos contempla extrañada
al no poder entender su mensaje.



f.




Cruzo una hilera de púas y sangro










Cruzo una hilera de púas y sangro.
Tal vez lo hagamos todos sin saberlo,
aunque quizás todas estas marcas en el cuerpo,
tengan un peso especifico diferente para cada uno.
Hoy he visto atropellar a un perro.
Ha dejado un reguero de vida en el asfalto
aunque en su mirada todavía había una chispa de asombro.
Su dueño lloraba llamándolo por su nombre.




f.




A hurtadillas














A hurtadillas trae la tarde su hora de silencio,
la urgencia como distancia que la habita,
y en los labios se deshacen los nombres,
un anónimo secreto que le da eternidad.



f.




Bajo las horas sagradas de la luz











Bajo las horas sagradas de la luz,
sientes la brisa áurea de los días de verano
con su doliente quemazón dentro de ti,
penetrado hasta el tuétano
por esa luz límpida y silenciosa
que ha de habitarte
hasta las horas primeras del otoño,
cuando surge ese instante
que abres los ojos a la lluvia
y te sientes una hoja más,
caída de un árbol moribundo,
entre los surcos abiertos por el agua,
y rememoras las mieses,
las tardes vencidas por el sopor,
mientras recuperas tu verdad mortal y perecedera,
única vía de tu resistencia a desparecer,
siendo de nuevo misterio,
palabra horadada en la piedra,
quera que ha de seguir deshaciendo,
lentamente, tu corazón indomable.



f.



Casi sin saberlo construyo un puente










Casi sin saberlo construyo un puente, cruzo un río y su silencio me murmura lo que siempre pierdo...no hay detrás de mí más que maleza, la largura de los días, el eco de todos los tambores, una letanía que el bronce deja estos días de muerte y calma.


Creo todavía en el miedo, no el que se crea ante el posible dolor físico, es más bien un miedo que me lo debe dar la edad, al sentir, cada golpe, como un deshacer de cristales interior, dentro de mí, sabiendo que no tengo más corazón que mi propio vacío, pero notando como me desangra lo que me hace respirar, lentamente, es cierto, pero de una manera continua e implacable conmigo mismo.

Aún así la palabra sale de mis dedos, clama en el aire y se hace voz, es solo un instante, nada que perturbe el quehacer de los días ni de los hombres, solo un poco de arena esparcida al viento...para que nada cambie y yo siga muriendo.




f.



jueves, 17 de agosto de 2017

No hay miedo al resguardarte en medio de la noche








No hay miedo al resguardarte en medio de la noche
en estos días ardientes de verano
llenos de la melancolía del aguacero.
No tengo en mis manos
más allá de los surcos conocidos por todos,
y quizás, a estas horas últimas y nocturnas,
el aroma húmedo de tu saciado deseo.
Y es interminable este buscar
en mi interior para perderte
y pregonar el alboroto de los pájaros,
el devenir del viento,
las voces, la herrumbre de las hojas,
la muerte que me rodea en las palabras.
Hurgo en el vaivén de tu cuerpo
mientras andas despacio sobre mí
y en cada pecho tuyo sostienes una sílaba,
el rehacer de un verso que te busca,
un quererte desde mi boca
mientras mis dedos estremecen tu piel
como a un bosque en llamas,
dejando señales del fuego en tu espalda.
No hay miedo, aunque sepas
que tengo que guardarte
donde guardo la vida.
Viejo rincón al que no llegan los trenes,
y en los que en silencio fumamos cigarrillos
y nos bebemos el amanecer
mientras las horas pasan…
tan lentas, tan nuestras.



f..




Caigo una y otra vez como las hojas caducas del otoño









Caigo una y otra vez como las hojas caducas del otoño,
y en esta muerte que arrastro en las noches,
respiro, soy el vuelo de un pájaro,
una urdimbre de signos en el aire,
la certeza de la duda como una línea interminable.



f.




Escribo en el viento









Escribo en el viento,
son palabras sin rencor...
No me queda nada que desdecir,
nada que me acuse de ser otro,
ni siquiera las sílabas
que andan cercando mi piel
han dejado hoy un poso sobre el aire,
es la arena incontenible que vive en el corazón.


No estoy sólo,
pero camino sin nombrar a nadie
por este lado de la soledad,
aquí, donde todo tiene un pasado,
raíces y silencio...
la quera hace de mí un árbol seco,
penetra en la noche con su hambre voraz,
se anuda a mi garganta y va asfixiando mi verdad.




f.






miércoles, 16 de agosto de 2017

Un hombre es su tiempo











Un hombre es su tiempo, el camino, la palabra,
el lugar donde habita su silencio.

Recojes los verbos,
la transición del adviento y de las mieses,
el instante de eternidad,
cuando sabes que las violetas
te esperan en las manos de la tarde,
y hay un caer de agua, límpida, sobre el lienzo de tus palabras.


Respiras sin más convicción que desgranar la noche,
esta noche de puentes rotos
con aromas de alcohol y de tabaco,
cuando todo solo ha quedado en una melodía al alba.

Sientes que lo mortal es algo que vive en tus venas,
te rehaces en el recogimiento
que encuentras en la parte de atrás de un taxi
cruzando solitario la ciudad ahora infinita...
seguro que sabes que nada ni nadie
podrá deshacer el límite de tu corazón.




f.





Enhebradas y salvajes...












Enhebradas y salvajes...
prendidas al punto de no retorno,
cada palabra busca la sed y el abismo.




f.





Abres la mano y vuelan pájaros










Abres la mano y vuelan pájaros.
Anudados a ti tienen el color del amanecer
aunque en su pico todavía haya vestigios de la noche:
unas minúsculas gotas de sangre.




f.




Todavía hay entre nosotros ciertas verdades










Todavía hay entre nosotros ciertas verdades,
caminos de alamedas,
senderos de bosque,
el aroma húmedo de las sílabas,
aquellas que nos nombran casi sin saberlo,
las que tienen el escalofrío pendiente de una voz,
la inagotable y ciega vereda del verano,
todo lo que sujeta nuestro sueño al mundo...
y lo calla mientras escuchamos caer la lluvia.




f.




Abrir las manos










Tal vez alguien pueda compartir la soledad
pero nadie podrá nunca explicarla.

R. Juarroz


Abrir las manos. Soltar el peso
y sentir como quedan los dedos entumecidos
con el hormigueo normal por la falta de sangre.
Así se deshacen las verdades
entre las grietas profundas de cada uno,
y que forman un desierto o un río que cubre el pecho.
La verdad, poco importa que sea uno u otro,
cuando las manos ya no pueden sujetar más peso
que el de los pájaros que vuelan de ellas al cielo,
esos gramos de humanidad que algunos llaman alma.




f.




martes, 15 de agosto de 2017

Presiento este silencio









Presiento este silencio,
entra en mi cuerpo
y se vuelve un pájaro en mi sangre.
Bajo los peldaños que me llevan a ti,
una cama donde se desnudan los astros
y me humedece el aguacero de una lluvia interminable.




f.





Abro las manos que me sujetan al viento de la noche











Abro las manos que me sujetan al viento de la noche.
El amanecer ha traído junto a mí el valor del silencio,
una lumbre hueca que murmura su canción.
¿Cómo contaros el peso de esta hora oscura sobre mis brazos?
Un mundo enmudece, otro abre sus compuertas y deja escapar la luz.




f.





Reflexión















Si coges un pájaro silvestre en la mano sentirás su pequeño latido,
su escaso peso casi parecido al de una rosa...
ambos habitados por lo que llamamos fragilidad
sin embargo nos otorgan un gran abanico de emociones.
El valor de las cosas y los seres
apenas tiene que ver con su peso especifico.
Así, todo lo que nos rodea, puede tener esta doble lectura.




f.





Voy a tener que dejar de mirarme en los espejos del silencio









Voy a tener que dejar de mirarme en los espejos del silencio.
Cada vez encuentro más sombras en mí.
La certeza de un abismo donde me ahoga la sinceridad.




f.





Vengo de lejos










Vengo de lejos,
como las lunas quebradas
que se ahogan en el océano.
He llegado al centro del páramo,
a esta soledad de silencio y viento,
y contemplo, naufrago, el batir de las olas...


Respiro hondo, miro en la distancia,
tapo, en el lado izquierdo de mi cuerpo,
la grieta por donde se escapa todavía mi palabra.




f.


Nada tiene mi silencio que no sea como el tuyo










Nada tiene mi silencio que no sea como el tuyo,
es una llama que ilumina la distancia.
Hay detrás de una voz un limbo de rosas,
las cosas más pequeñas que guardamos,
lo inagotable de una larga tarde de verano,
el caer sobre el otro al ritmo pausado de la lluvia,
este viento terrible que nos inunda con su fulgor de escarcha.




f.




Cae el sol en su viaje al Oeste...














Cae el sol en su viaje al Oeste...
y navego contemplando el deshacer de las cosas.
Podría tener ese último rescoldo de fuego en las manos
e iluminar con él este invierno interior frío y oscuro.



f.




La hora hincada en la palabra










La hora hincada en la palabra
sujeta el cadalso del amanecer.

Se dibujan sin matices las frases que son calles, avenidas,
arbolado, edificios públicos cerrados, hoteles e iglesias
donde todavía duerme el vertebrado mundo.
Solo siento el gorgoteo cansino de las palomas en las plazas,
y los hombres que con sus mangueras limpian
el resto sucio y acumulado de la humanidad.

Volvemos de la noche...




f.




lunes, 14 de agosto de 2017

Camina descalza











Camina descalza sobre mi tierra.
Mete tus manos.
Anida despacio
en mi piel.
Escucha el viento,
sus hélices precisas sobre tus caderas,
anhelantes, se dejan llevar
por las consignas de la tarde,
y quieren el vaivén,
la lumbre que hace que cierres los ojos,
crezcan en dureza tus pechos
y el valor de la sal gane en tu cuerpo la partida…
afloras como un almendro en invierno.




f.





Sigo buscando










Sigo buscando entre las sílabas de un verso
el tren nocturno que te alcance,
la luz que sacie la sed que te guía,
una gota de seda caliente,
húmeda saliva de mi boca,
que al pronunciar tu nombre te humedezca.
Tu cuerpo sabrá en ese instante
que en tu sangre navega una bala
que al alcanzar tu corazón
y sin saber por qué te deshará.




f.




Al otro lado de la nada sigue la nada









Al otro lado de la nada sigue la nada,
un silencio que tiene la humedad de las sílabas
que nunca pronunciaremos.
No hay vuelta hacia atrás,
solo la falsedad del déjà vu
que sirve de engaño a la memoria,
aunque en los surcos de las manos
se marque el principio de nuestra existencia,
todo tiene el aroma del recuerdo
y la verdad se limita a esperarnos detrás de cualquier recodo.




f.




Me demoro en ti












Me demoro en ti, recorro tus meandros,
mi boca no tiene más pretextos
que encender todas las lunas de tu cuerpo.



f.




Me dejas siempre













Me dejas siempre el sabor a aguardiente de tu boca,
los rastros de una noche escarlata,
el nítido sonido en el silencio de un salto de agua.
Escucho el rumor de tu cuerpo,
una marea golpeando las rocas,
siento la voracidad del instante
y permanezco envuelto por esa eternidad que es nuestra,
una gasa que recuerda todos los caminos recorridos juntos.



f.







Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte














Respiro la lluvia mientras contemplo el gris horizonte.
No hay urgencia que dispare mi palabra,
solo tengo el pálpito, la caída silenciosa de un mundo,
mi devoción entre los dedos como la humedad que nunca se acaba.


Me encuentro en lo diminuto,
en cada esquina de mis múltiples muertes,
tengo un costado abierto a la noche
donde siempre penetra la oscuridad.
Caigo de nuevo, una y otra vez,
de bruces sobre la verdad
y me pierdo sin encontrar respuestas,
solo viento, solo humo, solo lluvia...

He descendido los peldaños desde cielo,
vuelvo con mis pasos sobre la agonía.
No temo, aunque sé que no hay más allá que este surco mío,
un regacho de sangre, la certera luz de un corazón
que sigue en cada verso dejándose la vida.




f.





No recuerdo cuándo dejé de ser romántico...












No recuerdo cuándo dejé de ser romántico...
aunque sostenga entre mis palabras
el aroma de una flor fragante,
mis sílabas tienen huellas de vertebrado,
los poemas marcados con mis dedos de noche,
la oscuridad entre las piedras
con que mi corazón se golpea.


Nunca sabré dónde enterré al hombre de las rimas,
quizás tenga a mis espaldas
demasiadas voces
nombrando la oscuridad del alba.




f.




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