La poesía es un arma que se dispara sola como el amor de un loco

Contribuyentes

lunes, 31 de julio de 2017

De un viaje y su distancia










De un viaje y su distancia
todavía quedan huellas en mis manos
y un rumor de pájaros
y nubes blancas prendidas en el viento.
He alterado uno a uno el sabor de sus besos,
su boca trae a mi memoria el ardor de la selva
y siento estremecido la diamantina luz
que cortaba la piel como una daga,
la que trae el amanecer a la soledad de los amantes.





f.


No sé por qué escucho sonar










No sé por qué escucho sonar
un réquiem tocado con un solo violín
mientras mi corazón todavía palpita.
Soy como un viejo palacio inundado por las aguas,
las ménsulas sostienen un arquitrabe de símbolos vacíos,
habitaciones donde nada poseo
y donde solo perduran las huellas del tiempo.
Apenas se salvan tres o cuatro versos
que merezca la pena conservar.
Ahora en la oscuridad de la noche,
cuando nadie conoce a nadie,
solo queda permanecer en silencio
y resguardarse, cada uno, de si mi mismo.




f.




He dormido en ti, entregado









He dormido en ti, entregado.
Hay sudores amplios que nos saben.
La tibia sensación nos despierta en la hora cóncava,
la aurora brumosa deja el aroma del silencio.
Envueltos todavía en la magia
mis dedos guardan tus caminos,
tu boca el enredo de mi senda.





f.





Bajo esta capa de barro no tengo nombres que esconder










Bajo esta capa de barro no tengo nombres que esconder,
ni siquiera sé resguardarme de una mirada incomoda.
Resplandece el sol en esta tarde de verano,
su luz cegadora anida entre las hojas de la hiedra,
mientras un cielo arrasado de azul busca el meandro de unas nubes.
Todo el silencio se guarece en el vuelo de un pájaro
la fragancia de una rosa camina en el quehacer de la brisa...
yo sostengo entre mis manos unas hojas de hierba.




f.




domingo, 30 de julio de 2017

Escuchemos el chasquido del látigo











Escuchemos el chasquido del látigo,
sintamos la grieta de la luz,
miremos el quejido que deja el relámpago,
nos urge la llamada perenne del océano.


Navega, navega conmigo, no abras los ojos,
solo recibe el viento de la tormenta,
que te empape hasta el tuétano de su humedad.

Este instante nuestro se va a llevar todas las palabras,
todas las preguntas sin respuestas
y dentro de su silencio, el que se arma despacio,
el que queda entre dos cuerpos desnudos en mitad de la nada,
vamos a crear una última caricia que nos haga inolvidables.




f.








Pregunto al viento y nunca sé de dónde viene el fuego









Pregunto al viento y nunca sé de dónde viene el fuego.
Arrastro las cosas pequeñas desde el fondo de mi corazón,
esa lumbre tiene siempre un recodo de muerte
y asciende hasta mis labios pronunciando un nombre.
Respiro y el aroma de una rosa me conmueve.
Trae la noche.
Casi todos los astros se silencian,
el mundo duerme en su batalla,
mientras ella puede ser
un cuerpo desnudo recogido en mis manos
o esos pétalos todavía tibios encima de la nieve.





f.





¿Cómo sostener con los ojos cerrados un último crepúsculo...












¿Cómo sostener con los ojos cerrados un último crepúsculo,
la caída nocturna del relámpago,
el quejido sordo de la lluvia que deshace dentro,
donde no se pueden elegir las respuestas,
y la urdimbre del viento que te mata,
susurros que te recuerdan la banalidad humana?
Mis manos apenas tienen la fuerza de mis palabras
y sostienen con dificultad el peso especifico de un corazón
que batalla en un mundo de la noche y del silencio,
allí, donde siempre tenemos todo perdido de antemano.




f.








Después de las palabras el mundo se habita de silencios











Después de las palabras el mundo se habita de silencios.
Acaso respirar sea una forma de hablar
como mecerse al viento la fronda de los árboles
es un signo inequívoco de vida.
No tengo más poder que cuatro palabras sencillas,
alguna rodea los sentidos
y otras dan el color de las estaciones.
Mis manos son grandes
pero no pueden sujetar todos los verbos
en que concluyen nuestros actos.
A veces, un poeta solo nos puede dar un verso,
y para leer un poema entero,
debemos dejar correr nuestra mirada
por muchos versos de poetas.




f.








A veces recorremos el mundo










A veces recorremos el mundo, el nuestro,
esas cuatro calles y una plaza
donde crece la sombra debajo de los árboles,
vienen a zurear las palomas
y a pedirnos migas de pan los gorriones.
Por eso nos creemos saberlo todo,
porque mirando a lo lejos solo vemos lo infinito,
un horizonte de silencios y crepúsculos...
aunque pensemos que hay bosques y océanos
que todavía tienen respuestas que darnos.




f.








sábado, 29 de julio de 2017

¿Qué deuda debe pagarse para dirimir los avatares de una cuenta pendiente?












¿Qué deuda debe pagarse
para dirimir los avatares
de una cuenta pendiente?
¿Qué tierra habita un corazón
cuando es de lluvia el otoño?
¿Qué hace un pájaro solitario
cantando en mitad de un cielo sin nubes?
Un ciego no trae más sueños
que los colores que tiznan sus dedos
o lo que le ha dejado la vida
como rémora junto a su costado.
Cada vez es más difícil no derrumbarnos
como un viejo palacio ante el fuego.
Esta cadena, trae desde la verdad,
una tras otra todas las preguntas
que nunca hemos podido responder.
No me duele el brotar de la sangre,
este ser mordido por los perros,
tal vez, sea todo culpa de este tiempo,
ahora que nadie sabe
dónde se guardan las respuestas.




f.








Derramo la copa y siento caer en mi casa la noche










Derramo la copa y siento caer en mi casa la noche.
Esta argucia del miedo despierta las sombras que me habitan,
una a una resecan con su sed mi garganta
y muerden mis labios
como si sus besos quisieran ser los últimos.

Se asientan sobre la espera,
me rozan con sus pechos desnudos
y el valor intangible del deseo,
y me hablan con su idioma de signos,
así, cuando todavía no comprendo la reacción de mi cuerpo,
ellas han deshabitado mi inocencia y cantan victoria.

No es la soledad el único animal que frecuenta mi alma.





f.





No hay un desde cuándo que nos reserve su soplo









No hay un desde cuándo que nos reserve su soplo,
el instante de luz, una brizna de viento.
Ahora, en las manos de la noche, soy un árbol,
la respiración de la tierra gritando en el silencio,
soy el silencio y la neblina blanca
que se arropa en tu cuerpo y en tu alma.
No vendrán los pájaros que traen el fuego del amanecer.
Ayer fue el día de las pequeñas muertes. Un día de luto.
Hoy solo soy la mirada del que te ama.




f.





Soy propenso a la ceguera











Soy propenso a la ceguera,
a tener una capa de cinc que cubra mis ojos.
Así y todo sé del volumen de los objetos,
la dimensión de las sombras,
el territorio conquistado por la luz en mi vida.
Lo corpóreo se encuentra en el rigor de mis manos,
ellas han sabido calibrar cada milímetro,
cada estancia de lumbre y de silencio
que sin saberlo me abarca cada día.




f.




Tengo









Tengo en mis manos la luz donde cabalga la noche.



f.




Cruzar la sombra









Cruzar la sombra,
lo estrecho de dos cuerpos que se juntan.
Abrir después del después el espacio a la luz.
Saber ver que queda
cuando solo tenemos ya la tibia sensación en la piel,
la almohada con la forma de su sueño
y un revoltijo de sábanas
mostrando el quehacer del alba.




f.








Me dejo caer al suelo como una sombra









Me dejo caer al suelo como una sombra,
soy una oscura sombra
que sigue los pasos de un hombre.
Y no sé más que de todo lo que rodea una calle,
una plaza, una avenida que puede ir al mar,
a un río o a un arrabal desierto.
Recojo en mi interior basura inútil,
la humedad latente de los charcos,
la hierba de los parterres...
busco solo sentir a mis espaldas
la longitud que alcanza un sueño mirando el horizonte.




f.




A veces te escribo en la noche









A veces te escribo en la noche
y son palabras que se lleva el viento,
te recorren como los pájaros marinos
cuando vuelan sobre tu figura,
esos días de aire en que te visita el océano...
y ellas te nombran y te dicen despacio, sin prisa,
casi como un murmullo..."ven a dormir conmigo".

A veces recuerdo el ámbito silencioso de tu respiración,
el sesgo a bosque de eucaliptos de tu aliento,
el color nacarado de la lumbre de tu cuerpo,
el gemido roto, tus uñas en mi espalda,
todas tus palabras más dulces y soeces
cuando el abismo era una canción que tarareábamos juntos.

Veo recogida tu vieja camiseta de los Lakers, el 32, el de Magic,
aquella que te trajo tu hermano de su viaje a California.
Morada, desgastada, con los números amarillos,
tiene todavía la mezcla perfecta de sudor y perfume de tu cuerpo,
y sin querer saber por qué, cuando la tengo entre las manos,
es lo que más me sigue recordando tu ausencia.





f.









Se han ido las palabras con el viento









Se han ido las palabras con el viento.
Un reguero de luz sobre mis manos cansadas
y el olor del humo impregnando mi cuerpo.

Siento los pasos perdidos en el agua,
una lluvia sin tiempo en las hendijas,
las sílabas que nombran a los pájaros,
el bosque, las voces sin rostro,
la mansedumbre de los viejos.

El mundo calla, se respira la tarde.
Yo quiero deshacerme,
ser una nube roja, abandonada,
para que cuando todo cese
el camino de sirga sea solo un dolor sin miedo.





f.







viernes, 28 de julio de 2017

Apenas un nombre









Apenas un nombre,
varías sílabas que frecuentan mi boca al respirar,
el paso de la noche en manos de una sombra,
la certeza de saberme tan solo lo que soy,
sin más abalorios que frases hechas
y algunos verbos que indican desamparo,
lo mismo que tener en el armario
unos zapatos gastados y un traje oscuro.
Todo hombre está solo, anda solo,
y esa ausencia del otro,
del que nunca se pronuncia frente al viento,
nos hace parecer más débiles,
aunque eso sea en realidad
lo más humano que podemos ser.




f.













Hay días que solo se puede escribir en el aire










Hay días que solo se puede escribir en el aire,
abandonar el sendero del papel
y dejar los gestos sin sombra de cada letra,
cada sílaba, cada verso,
como si fueran pájaros invisibles
dispuestos a volar
esperando un viento favorable.




f.





En medio del vacío










En medio del vacío
el amanecer no deja de ser una nube,
un esfuerzo de murmullos
que anhelan despertar.
Yo soy parte de un juego,
dejé irse unas sílabas
que me devuelve el viento hechas ya raíces,
alas de pájaros y mucha soledad.
Las horas me dejan el azul envuelto en los cristales,
la atonía de respirar,
y recuerdo un tiempo de inquietud
entonces el aire me empapaba
con sus aromas de lluvia y de tormenta.
Ahora, ligero de equipaje,
solo mantengo el silencio entre mis labios
y contemplo desde mi atalaya
el quehacer implacable de la desolación.





f.





Este tiempo de los dos tiene su orilla










Este tiempo de los dos tiene su orilla,
cierta nube anclada en tu mirada,
un paseo de viejos castaños,
la lumbre del horizonte
como una flecha abrigando el silencio.
Te has reconstruido en medio de la soledad
y eres parte invertebrada de mi corazón,
tanta sangre tuya hay en mi cuerpo
que mueves ya
los hilos que me acallan.
La ciudad sin ti solo es ya un nombre.




f.




Viene de nuevo la armonía y la tormenta






Yo regreso esta noche con los esclavos tristes

Ángel Petisme



Viene de nuevo la armonía y la tormenta
y escucho en el viento el sonido metálico de la tristeza.
No tengo nada que decir,
ni siquiera a quien busca en mis palabras la luz y la sombra,
esos nudos corredizos en la cuerda
que traen del misterio las viejas raíces del hombre.

Bebo la lluvia de estos días,
escribo en el agua frases que rompan la magia...
y también, sin más, me escondo en la penumbra,
dibujo con una brocha en las paredes,
graffitis que enciendan de azul los restos del fuego.



f.




Detrás de una grieta camina, lentamente, otra grieta












Detrás de una grieta camina, lentamente, otra grieta, una estructura de dolor, la certera melodía de la ausencia. No hay después nada, si acaso esa rotura de cristales que duele dentro y a veces deja sangre en los nudillos o cicatrices en las muñecas porque la caída en uno mismo siempre trae un pliego de cargos, una derrota frente al espejo, ese ahogo en el pecho que te hace cerrar los ojos cuando sale el sol y tú todavía no has dormido.




f.









Después de mi voz solo queda el eco










Diviso / en lugar de luz / ventanas a poniente...

Fernando Andú


Después de mi voz solo queda el eco,
una sombra difusa que desaparece en el aire.

Trasciende el caer del atardecer:
Lento e inexorable. Inevitable.

He dormido en el bosque,
he sido el humus que florece
y el acantilado tendido sobre las mareas.

Callo y miro lo que no se ve
más que en la noche,
la oscuridad dentro de uno,
cuando suena una melodía indescifrable.

¿Será así una forma de amar,
cómo esos días que en silencio
se contempla el mundo?





f.






He sentido un golpe de mar sobre mi cuerpo exhausto











He sentido un golpe de mar sobre mi cuerpo exhausto
y sin embargo vivo en medio de desiertos.

No he renunciado a andar sobre la noche
como un funambulista lo hace en el alambre.

Tengo en mis manos vacías un recorrido de años,
ciertas caricias, ciertas cicatrices, la sangre,
la lluvia, cada palabra que surge
enfundada en símbolos
que no sé a veces descifrar yo solo.

Permitirme que me reserve el hecho mismo del milagro
pero he sentido volcarse sobre mí una gran ola del mar Mediterráneo.





f.






Recorrer el silencio









Recorrer el silencio
es andar por la noche
con los pies descalzos.
Guiarnos a ciegas.
Las manos abiertas:
tanteando,
respirando,
desertando.



f.






jueves, 27 de julio de 2017

Recuerdo esa estancia donde nos perdíamos










Recuerdo esa estancia donde nos perdíamos.
Un hilo de cobre fundido entre tu boca y mis manos.
La álgida avenida de tus muslos,
el ebúrneo triunfo de la siega
en mitad del deleite mío entre tus otros labios.
Cada hora era cortada en el quehacer de la carne,
instante a instante, como dulce presagio,
en la umbría de tu pecho
se erguían dos palomas expuestas a la luz
mientras un ir y venir de pájaros,
en el ventero de las nubes,
deshacían el silencio y traían de muy lejos,
esa distancia, que siempre, hasta en verano,
agobia en los crepúsculos.
De entonces traigo en mi memoria,
como un momento inolvidable,
el aroma de tu cuerpo mojado
por el doble quejido de la sal y la dulzura.





f.





Contemplo el silencio, su paisaje de nubes











Contemplo el silencio, su paisaje de nubes,
la cercanía de roce que tiene el viento,
su murmullo lleno de tristeza tras la noche.
Llega lentamente la hora de la hogaza caliente,
el café recién hecho,
la soledad dibujada en las paredes
como una mancha antigua y perenne.
Llega el quehacer de la luz
-- la luz deshaciendo todos los misterios --
trae consigo la caída sin ambages en la melancolía
con el toque a arrebato en el tintineo metálico de la loza
y expuestas en la mesa todas las preguntas,
las cartas de una baraja a las que nunca hemos aprendido a jugar.




f.



Bajo la lluvia el mar se amansa












Bajo la lluvia el mar se amansa
y tú recorres la distancia con tus pies descalzos.
Mantengo la mirada en la línea que abarco,
sé que siempre debo tender puentes a tu cuerpo
y alcanzarte como solo se puede hacer siendo la noche.
Cantas y yo escucho latir tu corazón
mientras subes lentamente tu falda
para enseñarme el principio del mundo.





f.





Despacio









Despacio. Intenso. Siempre el deseo llega al abismo.




f.




El silencio tiene alas y vuela en el eco húmedo del aire










El silencio tiene alas y vuela en el eco húmedo del aire.
Las palabras viajan esgrimiendo una melodía de diversidad.
Así y todo intentar escribir un poema,
debe dejar en medio del abismo un vacío de tiempo,
una anatomía formada de sueños,
las vértebras que emocionen el corazón más duro
o hagan imprevisible el instante siguiente,
el verso que ha de dejar libre la imaginación.




f.








Un nombre apenas guarda unas sílabas










Un nombre apenas guarda unas sílabas que tienen cierta holgura de luz y una senda de sombra. Suena dentro como un largo eco de montaña o la hondura lúgubre de un pozo que guarda lo cautivo de un hombre, el agua oscura donde se dibuja su vida.
Apenas percibes la luz sabes que de nuevo tus manos siguen guardando restos de la noche…la noche, ese vínculo que ata… la branza que te hace semejante a otro y te hace dirimir una pelea contigo mismo, un quebranto que se hace herida cuando has perdido la noción de lo imperdonable ya que tu mortalidad va minando, poco a poco y a diario, los valores que desde la juventud creíste tuyos…
Pero suena dentro un lamento, sigue sonando como una pequeña campana de difunto, la que te avisa de tu desnudez y de lo poco que en realidad importas en el mundo.





f.









Ahora que mis palabras










Ahora que mis palabras
se han desmoronado al lado del atardecer,
han quedado como quedan las barcas
que abandona la resaca en medio de una playa,
yo no tengo en mis manos nada
que pueda dejaros en esta hora oscura.

Deshago nudos, borro los signos de la tierra,
corto las raíces, el humus se hace de mí
y arrastra el viento las hojas secas...
mientras en silencio miro la soledad de la noche.

Me preguntas por el mar,
solo puedo mirar el horizonte,
darte mis manos frías
y cerrar el costado de mi corazón...
siento caer sobre mí el frío,
aunque estemos en mitad de julio
y esto sea el Hemisferio Norte,
estoy tan expuesto a la oscuridad
que me hace sentir frágil.




f.




Tras el paso de los bárbaros










Tras el paso de los bárbaros
mi cuerpo ha perdido el ansia en la derrota.
No hay más allá
salvo la luz fatigada de los taxis
y los semáforos parpadeando.
en medio de las calles.

El color de la noche
-- noche en la noche
como esa lluvia
que no cesa de inundarme --
se ha quedado envolviéndolo todo
con un oscuro celofán
que casi no me permite respirar.





f.




He borrado las palabras que deshacían los verbos









He borrado las palabras que deshacían los verbos, ahora son grietas de luz que queman mi piel y murmuran mi nombre con vocablos marinos. No tengo defensa, me quemo entre los latidos del atardecer
y la quiebra perpetua de la luna. Sé de todo lo que se ausenta, lo que toma la largura de las estaciones, la distancia, lo veraz de un pronombre posesivo sobre mí. ¿Qué hacer con el contorno redondo de los árboles? ¿Qué hacer con el tizne de la sombra del mediodía?
¿Qué hacer con todo lo que vive detrás del asombro, detrás de todos los bosques que se incendian cuando nadie sabe encontrar la llave del mañana?.. Hay demasiada lluvia esperando el amanecer y nosotros todavía buscamos una nueva salida al laberinto.




f.









miércoles, 26 de julio de 2017

Un hombre ha muerto: yo he muerto











Un hombre ha muerto: yo he muerto,
así de triste empieza el domingo
mientras suenan
en el silencio del amanecer
las campanas
con su canto de agonía.

No es tan raro morir cuando abres tu mano y vuelan pájaros,
cierras los ojos y se derrumban en el agua
los viejos palacios de Venecia.

Temo dormir y despertar junto a un ángel negro,
el que viene en las noches de insomnio
y me susurra nombres antiguos con idiomas extranjeros,
cábalas y jeroglíficos de los que desconozco la clave.




f.





Detrás de esta noche











Detrás de esta noche,
habrá otra noche,
y otra seguirá por ese camino
interminable de oscuridad.
No puedo dejar de pensar
en cada una de esas veredas
vacías que me esperan.
Un espejo impreciso,
una imagen sin márgenes,
una gota salada como de mar,
inundando mi corazón:
preguntas a las que nunca sabré responder.





f.




Sílaba a sílaba











Sílaba a sílaba el alhaquín urde un tapiz de luces y sombras.
Lugares de tierra donde caben tus manos
y su quehacer bordeando la lumbre y creando el fuego;
tu mirada marina que derrocha el fulgor de la noche,
con todos los tonos del agua cuando el viento la despeina;
tu boca, pronunciándose en voces roncas que me estremecen
y que traen desde tus entrañas los verbos y la quimera;
todo tu cuerpo, en esa entrega siempre de adjetivos y pronombres
que me vencen, una y otra vez en el cuerpo a cuerpo de la batalla,
cuando el abismo es el final del viaje.




f.







Caerá un mundo azul sobre tu cuerpo











Caerá un mundo azul sobre tu cuerpo
y en él estarán mis manos y el océano.




f.








En esos días no se fueron los pájaros










En esos días no se fueron los pájaros,
no había pájaros a las horas taciturnas de aquel invierno.
Sembrado de azules los copos de nieve
semejaban miradas de ángeles olvidadas en la tierra,
nubes derramadas,
lágrimas de lumbre en el amanecer.
Todo su silencio abrigaba un unicornio.
Los mirlos que abandonaron el bosque
traerían meses después
las pequeñas respuestas que ella buscaba.




f.











Dónde irá a parar mi corazón de mimbre











Dónde irá a parar mi corazón de mimbre,
dónde las estelas blancas del cielo,
la mirada perdida de la noche,
lo que calla un pájaro cuando llega al bosque.
Dónde desaparece lo gris, lo azul,
el rojo carmesí de una pasión…

A veces, cruzo un puente, miro lo oscuro del agua,
pienso en que yo podría ser un ahogado oscuro
arrastrado por lo caudaloso del río.

Nunca hay lumbre en esas horas aciagas
en que estamos solos.
siendo un instante de respiro
entre dos horas muertas.




f.








Trae a mis ojos la oscuridad









Trae a mis ojos la oscuridad
lo que no pueden medir las palabras,
la longitud de un eco
como una lluvia sobre las calles vacías;
la holgura que deja lo negro sobre lo negro:
un resplandor que duele muy adentro;
esta manera de morir que tiene una caricia
dada en medio de un silencio.




f.




Salgo despacio de detrás de la sombra








Salgo despacio de detrás de la sombra.
Sigo siendo el haz de viento que resguarda
el escalofrío, la sombra hiriente.

Deshago versos que tienen palabras que destacan...
manzana, nieve, temblor, ángaro, caída...

Siento el azogue sembrado en las besanas del corazón.

Luego la tarde como un verano tendido al sol,
la trinchera abierta entre la urgencia y el desencanto,
este quebrado susurro de la vida
que se escapa tenue como el vaho húmedo del amanecer.

Cierro los ojos y siento la cercanía de los cipreses.
El silencio colmado de silencio que duele al escucharlo.

¿Será verdad que después del anochecer ya no seremos nada?
Quizás por eso amo estos crepúsculos que me desangran
y que me dejan náufrago, a expensas de un invierno sin pájaros.



f.








martes, 25 de julio de 2017

Te llamas Beatriz









Te llamas Beatriz me dices y yo pienso en Dante bajando a los infiernos, mientras me das la mano pulcra, pequeña y blanca, muy blanca, como toda tu piel, pero yo pido más y te beso cerca de la comisura de tu boca y percibo el aroma de tu aliento y la humedad enrojecida por el lápiz de labios con que me devuelves un poco alarmada los besos.

Miro tu figura esbelta y frágil y deslizo una sonrisa entre los dos como si los hilos de mi mirada quisieran hilvanarte esta noche a mí, a tus ojos claros que desdeñan mi silencio otorgándome entre nubes y viajes lejanos una orilla donde esperarte…tal vez, tras varias veces de beber los dos unas cuantas ginebras (Tanqueray con hielo y con unas pocas gotas de limón) se haya creado en nosotros otro vinculo, la complicidad, una certeza de conocimiento y deseo en mitad de este barullo de música y presentaciones.

Fuera, al salir, llueve y tu paraguas nos acoge, nos acerca más y yo no pierdo para nada el interés en tu cintura, aunque mis manos tiemblen al sentir el ir y venir de tu cadera, el acercarse el hueso e irse y dejarme la curva de tu carne solo para mis dedos, y el perfume que desde tu pelo me arrebata al moverte y yo quiero, en ese instante, ahora, sin dudarlo, meterme dentro de tu melena para poder cerrar los ojos y respirarte, uhmmmm, morirme en tu pelo, mientras no sé dónde, el taxista, tras decirle tú una dirección, nos lleva….será tu casa…y aunque para mí pueda durar el trayecto una pequeña eternidad quiero un poco de tiempo para saber más de tus labios y del ligero sabor afrutado y ácido que conserva tu boca.




f.



Deshago los nudos de azúcar








Deshago los nudos de azúcar,
las cadencias de cada silencio
que se muere en la boca...
hoy busco la sal,
la sed del erizo,
la luz de la mortalidad.




f.





No dormíamos









No dormíamos.

Cogíamos las veredas del mar,

donde el océano labra sus promesas.

Viejas carreteras

llenas de arena donde desembarcar.

Árboles de sombra

que en la noche riñen con la luna.

¡Que gigantes eran las palabras

que llenaban su pecho!

El aguacero de la madrugada

nos traía lámparas amarillas

y escarcha de hielo en los labios.

Sonaba la sirena, los muelles desnudos

se sometían al pequeño vaivén del agua.

Echaba de menos la lluvia y sembraba de flores

el lecho de arena donde tiritábamos,

húmedos y solitarios,

con la única esperanza puesta en el otro.





f.




No sé dónde nacen las palabras











No sé dónde nacen las palabras y que lugar de la memoria ocupan aunque seguro que un médico me hablaría de alguna parte de nuestro cerebro...pero no es eso lo que me pregunto, ya que sé que cuando alguna palabra acude a mis labios y me deja unos segundos en silencio, ha removido sin piedad parte de mis maltrechos cimientos y deja huellas y grietas en todo lo inmaterial que me sustenta.





f.








Se me han ido las palabras











Se me han ido las palabras por las abiertas vías del corazón.





f.




Llovía con la densa sabiduría de la eternidad










Llovía con la densa sabiduría de la eternidad.
Tú mirabas por la ventana como era el invierno
y esas gotas se hacían ríos insalvables.
Yo frecuentaba la luz de la lámpara y leía sobre viajes.
Nunca fue suficiente para deshacernos
saber que el tiempo, inagotable,
nos cubría con su tenue color gris,
mientras los días eran solitarias ciudades en silencio.





f.





Programa Electroletras

Con versos en la noche

Mi lista de blogs

Seguidores

Vídeos de poesía para perdidos

Ahora en youtube

Los poemarios

Los poemarios
© (Copyright) Fernando Sarría de todos los contenidos originales de este blog, excepto cuando se señale otro autor.

Archivo del blog